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viernes, 17 de abril de 2026

Ese cartel de Morés...

Hay carteles que anuncian unas fiestas… y hay carteles que te rompen por dentro, que te remueven, que te devuelven a quien fuiste y te recuerdan quién sigues siendo, aunque la vida te haya llevado lejos. Este cartel de Morés no lo miro, lo siento, lo agarro con el alma.

Tengo 52 años, y no debería pasarme esto, o eso diría cualquiera, pero me pasa, me sigue pasando como cuando era un niño, ese cosquilleo en el estómago, esa especie de nerviosismo que no se puede explicar, que no se controla, que aparece sin pedir permiso y te aprieta el pecho, y te hace sonreír… y a la vez te emociona hasta el punto de tener que apartar la mirada un segundo. Es obvio, que habrá gente, mucha, que esto, no lo entenderá.

Esto no va de toros, ni de fechas, ni de horarios, ni siquiera de un programa. Esto va de vida, de raíces, de verdad, de ilusión con mayúsculas.

He perdido la cuenta de los años que llevo en esto, sinceramente, ya no sé si son muchos o demasiados, ya no sé cuándo empezó todo, solo sé que empezó con la ilusión de un crío que soñaba con ver su pueblo lleno, con ver recortadores, con ver buenas ganaderías, con sentir que Morés podía ser algo más, y que ese sueño, poco a poco, casi sin darme cuenta, se ha ido haciendo realidad.

Y sí, con el tiempo esto ha tenido un punto más profesional, pero en mi pueblo nunca lo será del todo, en mi pueblo siempre será vocación, siempre será afición, siempre será amor, amor del de verdad, del que no se explica, del que no se negocia.

Morés… un pueblo de apenas 300 habitantes, un pueblo como muchos que en invierno se queda en nada, en silencio, en calles vacías, en luces apagadas, un pueblo que lucha, como tantos, por no desaparecer, por no convertirse en un recuerdo, en una fotografía antigua, en una historia que alguien cuenta en pasado. Pronto vienen elecciones locales, y pronto vendrán las promesas que nunca se cumplen... duele decirlo, pero es así.

Para mi, este cartel es mucho más que papel, es un grito, es una forma de decir “seguimos aquí”, es una manera de resistir, de agarrarse a lo poco que tenemos y hacerlo grande, aunque cueste, aunque a veces parezca imposible.

He pasado momentos muy malos, demasiado malos, de esos que te desgastan por dentro, que te hacen dudar, que te hacen pensar en dejarlo todo, en tirar la toalla, en rendirte… pero entonces aparece una sonrisa, la de un niño, la de alguien mayor que te da una palmada en el hombro, que te dice “gracias”, y en ese momento entiendes que no puedes parar, que no debes parar. Porque esto no es mío, nunca lo ha sido.

He de ser consciente, que queriendo o sin querer, he sido muchas veces la cara visible, sí, pero esto es de todos, de los que están, de los que estuvieron y de los que vendrán, de los que ayudan sin que se les vea, de los que se implican, de los que incluso he tenido que empujar, casi arrastrar, para que estuvieran ahí, porque esto, o es de todos… o no es de nadie. Fin.




En 2024 di un paso al lado oficialmente de la Asociación Morés Activo, pero hay decisiones que no llegan al corazón, y el corazón manda, y en los festejos taurinos aquí sigo, como siempre, porque hay cosas de las que uno no se puede retirar, porque simplemente forman parte de ti.

Y tengo miedo, claro que tengo miedo. Porque puede que este sea el último año, o puede que no, nadie lo sabe, cada año es una batalla, una incertidumbre, una lucha silenciosa, de esas que no se ven, de esas que desgastan, pero que también te enseñan a valorar lo que tienes.

Disfrutemos ahora, mientras podamos, porque en los pueblos siempre pasa lo mismo, siempre, cuando algo desaparece es cuando nos damos cuenta de lo que valía, y no quiero que eso pase, no quiero tener que echar de menos algo como esto, no quiero que esta llama se apague sin más, sin luchar.

Que nadie nos engañe, que nadie nos venga a decir desde fuera lo que tenemos que hacer, porque nadie de fuera va a venir a salvarnos, nadie va a pelear por lo nuestro como lo hacemos nosotros. El medio rural se defiende desde dentro, con uñas y dientes, con esfuerzo, con orgullo, con gente que cree, aunque a veces parezca que todo está en contra.

Llevemos por bandera la ilusión, que nuestros hijos puedan mirar atrás y decir que hubo gente que lo intentó, que no se rindió, que luchó por mantener viva la luz de su pueblo, aunque fuera pequeña, aunque temblara.

Nos queda mucho por recorrer… y ojalá mucho por vivir. Trabajemos juntos, de verdad, sin excusas, sin mirar a otro lado, para que Morés siga siendo referencia, para que este cartel no sea un recuerdo, sino una promesa, un presente, una continuidad.

Y ojalá, ojalá de corazón, ese cosquilleo no se me vaya nunca, porque el día que desaparezca… será que algo dentro de mí también se ha apagado.

Y en todo esto, siempre, inevitablemente… aparece la imagen de mi padre con su gorrica roja... Seguir adelante no es una opción, es una forma de vida.

Seguimos en el camino.

Alberto Joven

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viernes, 20 de marzo de 2026

#Reflexión: Casi treinta años después

Hoy, me apetecía escribir... cuando la cabeza echa humo, un stop siempre viene bien para recordar de donde vienes...

Por eso, en la vida hay momentos en los que uno se detiene, mira hacia atrás y el camino recorrido parece casi inverosímil, un trayecto largo, lleno de curvas, de subidas exigentes y de descensos inesperados. Y entonces surge una pregunta silenciosa: ¿de verdad he llegado hasta aquí con los mismos pies con los que empecé, con el mismo corazón?

Empecé en 1996, con veintitantos años, una mesa, un teléfono y una convicción que nadie me enseñó, pero que siempre estuvo ahí: ayudar a los demás no es solo un trabajo, es una forma de estar en el mundo. No había manuales ni certezas, solo trabajo, errores, madrugadas y una determinación obstinada, no rendirse. Y no fue fácil, nunca lo fue del todo.

Casi treinta años después, cuando alguien me pregunta a qué me dedico, sigo sin encontrar una respuesta breve. Soy asesor laboral, sí, pero también soy quien ha descolgado el teléfono de madrugada cuando un cliente no sabía si podría pagar las nóminas al día siguiente, quien ha acompañado a empresas al borde del abismo y ha tenido el privilegio de verlas levantarse, quien ha sufrido en silencio cuando algo no salió como debía —porque sí, los maños también sentimos, aunque no siempre lo mostremos— y quien ha celebrado, con la misma intensidad, esas pequeñas victorias que nadie más ve.

Porque este oficio, cuando se vive de verdad, no es solo técnico, es profundamente humano.

Lo comprendí del todo aquella noche del 14 de marzo de 2020, cuando el mundo se detuvo y nosotros no pudimos hacerlo, teléfonos sin parar, incertidumbre absoluta, normas que cambiaban cada día y boletines publicados a medianoche que había que interpretar al instante. Y mientras tanto, nadie preguntaba cómo estábamos.

Aquella noche entendí algo que no se olvida: nuestra profesión consiste, muchas veces, en sostener la economía real con las manos, en silencio, sin focos, porque ese es nuestro sitio, porque alguien tiene que estar ahí.



Pero antes de todo eso, antes de los congresos, de los micrófonos, de cualquier reconocimiento, hubo una lección que marcó mi camino: Tendido 18.

Mi primer proyecto empresarial, una idea nacida desde la pasión y también el aprendizaje más duro, porque no todo el mundo que camina contigo comparte tu dirección, porque la traición duele más cuando no la esperas y porque elegir bien a las personas que te acompañan no es un detalle, es absolutamente determinante. Pero Tendido 18 no fue un fracaso, fue el precio de aprender demasiado pronto lo que otros aprenden demasiado tarde.

De ahí salí con más fuerza, con más criterio y con una idea clara: los proyectos importan, pero las personas que los sostienen importan más.

Y así llegaron Seico Consultores, Arena Servisanit, Fyra Consultores, PosicionaTuMarca, ToroSocial, proyectos que nadie me encargó, que no eran fáciles, pero que tenían algo en común, estaban construidos desde una experiencia ya vivida, desde una forma distinta de elegir, de confiar, de construir.

No siempre acerté, sería ingenuo decirlo, pero acerté más, y eso, al final, también es crecer.

Hoy, Seico no es solo un despacho profesional, es una casa, un equipo que suma, que empuja, que da sentido a todo lo que hacemos, la prueba de que cuando se construye sobre valores sólidos y personas comprometidas, lo que se levanta resiste.

Pero esta historia no es solo profesional, sino que también es personal.

Es Morés, mi origen, mi identidad, el lugar al que siempre pertenezco, aunque la vida me lleve lejos, allí siguen las raíces, la memoria, las miradas de quienes me vieron empezar, allí todo cobra sentido de nuevo cada vez que vuelvo.

Es ToroSocial, es Imanol, son los pueblos que confían en nosotros, es la convicción de que tradición y legalidad pueden, y deben, ir de la mano, es haber hablado en Las Ventas pensando en mi padre, sabiendo que, de alguna manera, estaba allí.

Y, sobre todo, es la gente que está a mi lado. Mi madre, que siempre supo ver en mí lo que yo aún no sabía explicar. Teresa, que esta en cada ausencia sin reproches, sosteniendo más de lo que se ve, y sobre todo mis hijos —Diego, Alberto y David—, que son el verdadero motor de todo, la razón por la que uno quiere volver a casa, la medida real de lo importante. Ojalá algún día entiendan que detrás de cada esfuerzo, de cada sacrificio, de cada momento en el que no estuve del todo, siempre estuvieron ellos. Siempre.

A quienes han estado cerca, a quienes confiaron cuando yo dudaba, a quienes enseñaron, incluso cuando dolía.

Casi treinta años después, no es un cierre, es un punto de partida, porque todavía quedan proyectos por construir, caminos por recorrer y sueños que aún no tienen nombre.

Seguir adelante no es una opción, es una forma de vida.

Seguimos en el camino.


Alberto Joven

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jueves, 22 de enero de 2026

"TOROSOCIAL y su misión"

 

En 1996 di mis primeros pasos como asesor laboral y, desde entonces, han sido casi treinta años (concretamente en noviembre de este año haré los 30 años de profesión) de dedicación, de aprendizaje constante y de una convicción firme: la profesionalidad no es solo una forma de trabajar, es una manera de transformar realidades. 

En 2021, fruto de mi afición al festejo popular, y mi cercanía con la situación, y con la creación de Torosocial, sentí que la experiencia profesional de toda una vida debía ponerse al servicio del medio rural, de esos pueblos que con demasiada frecuencia son olvidados y que, sin embargo, constituyen el alma que da sentido y vida a nuestras ciudades. Sin ellos, nada de lo que hoy entendemos como sociedad sería posible. Pocas personas tienen esto claro, solo aquellos, que de verdad, de una forma u otra estamos vinculados a allos.

A partir de ahi, y junto a Imanol Sánchez, socio y compañero de camino y batallas en esta aventura, y con un equipo que asume cada directriz con compromiso y pasión, hemos ido intentando cambiar, o más bien, ordenar las reglas del juego. Donde antes lo legal, lo jurídico, lo administrativo, se percibía como algo ajeno o incluso incómodo, hoy es motivo de orgullo que sea lo normal, lo esperado y lo correcto. Sin duda, ese es el camino.





Sé que, en ocasiones, puede parecer que ponemos barreras, trabas, pero esas barreras no son un freno, sino un impulso, la garantía de que cada persona pueda disfrutar con seguridad, tranquilidad y respeto por las normas. Porque proteger no es limitar, es cuidar. No tengo ninguna duda. Como decía un buen amigo mio, un buen asesoramiento no limita, no es un freno, sino que es un "airbag" de seguridad ante cualquier imprevisto.

En esta temporada 2026 siento, con especial claridad, que damos un salto definitivo. Un paso adelante que consolida un modelo en el que la tradición y la responsabilidad caminan juntas, y en el que el medio rural ocupa el lugar que siempre debió tener. Seamos conscientes de lo que tenemos entre manos, y busquemos la tranquilidad que requiere la situación. 

Torosocial no es solo una empresa. Es la certeza de que, mientras otros celebran, nosotros velamos por la tranquilidad de todos. Es estar ahí, de la mano de la administración, haciendo posible que lo que ayer parecía imposible hoy sea un motivo de orgullo compartido.

Nunca habrá mejor sitio, que vernos en los pueblos


Alberto Joven

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