viernes, 20 de marzo de 2026

#Reflexión: Casi treinta años después

Hoy, me apetecía escribir... cuando la cabeza echa humo, un stop siempre viene bien para recordar de donde vienes...

Por eso, en la vida hay momentos en los que uno se detiene, mira hacia atrás y el camino recorrido parece casi inverosímil, un trayecto largo, lleno de curvas, de subidas exigentes y de descensos inesperados. Y entonces surge una pregunta silenciosa: ¿de verdad he llegado hasta aquí con los mismos pies con los que empecé, con el mismo corazón?

Empecé en 1996, con veintitantos años, una mesa, un teléfono y una convicción que nadie me enseñó, pero que siempre estuvo ahí: ayudar a los demás no es solo un trabajo, es una forma de estar en el mundo. No había manuales ni certezas, solo trabajo, errores, madrugadas y una determinación obstinada, no rendirse. Y no fue fácil, nunca lo fue del todo.

Casi treinta años después, cuando alguien me pregunta a qué me dedico, sigo sin encontrar una respuesta breve. Soy asesor laboral, sí, pero también soy quien ha descolgado el teléfono de madrugada cuando un cliente no sabía si podría pagar las nóminas al día siguiente, quien ha acompañado a empresas al borde del abismo y ha tenido el privilegio de verlas levantarse, quien ha sufrido en silencio cuando algo no salió como debía —porque sí, los maños también sentimos, aunque no siempre lo mostremos— y quien ha celebrado, con la misma intensidad, esas pequeñas victorias que nadie más ve.

Porque este oficio, cuando se vive de verdad, no es solo técnico, es profundamente humano.

Lo comprendí del todo aquella noche del 14 de marzo de 2020, cuando el mundo se detuvo y nosotros no pudimos hacerlo, teléfonos sin parar, incertidumbre absoluta, normas que cambiaban cada día y boletines publicados a medianoche que había que interpretar al instante. Y mientras tanto, nadie preguntaba cómo estábamos.

Aquella noche entendí algo que no se olvida: nuestra profesión consiste, muchas veces, en sostener la economía real con las manos, en silencio, sin focos, porque ese es nuestro sitio, porque alguien tiene que estar ahí.



Pero antes de todo eso, antes de los congresos, de los micrófonos, de cualquier reconocimiento, hubo una lección que marcó mi camino: Tendido 18.

Mi primer proyecto empresarial, una idea nacida desde la pasión y también el aprendizaje más duro, porque no todo el mundo que camina contigo comparte tu dirección, porque la traición duele más cuando no la esperas y porque elegir bien a las personas que te acompañan no es un detalle, es absolutamente determinante. Pero Tendido 18 no fue un fracaso, fue el precio de aprender demasiado pronto lo que otros aprenden demasiado tarde.

De ahí salí con más fuerza, con más criterio y con una idea clara: los proyectos importan, pero las personas que los sostienen importan más.

Y así llegaron Seico Consultores, Arena Servisanit, Fyra Consultores, PosicionaTuMarca, ToroSocial, proyectos que nadie me encargó, que no eran fáciles, pero que tenían algo en común, estaban construidos desde una experiencia ya vivida, desde una forma distinta de elegir, de confiar, de construir.

No siempre acerté, sería ingenuo decirlo, pero acerté más, y eso, al final, también es crecer.

Hoy, Seico no es solo un despacho profesional, es una casa, un equipo que suma, que empuja, que da sentido a todo lo que hacemos, la prueba de que cuando se construye sobre valores sólidos y personas comprometidas, lo que se levanta resiste.

Pero esta historia no es solo profesional, sino que también es personal.

Es Morés, mi origen, mi identidad, el lugar al que siempre pertenezco, aunque la vida me lleve lejos, allí siguen las raíces, la memoria, las miradas de quienes me vieron empezar, allí todo cobra sentido de nuevo cada vez que vuelvo.

Es ToroSocial, es Imanol, son los pueblos que confían en nosotros, es la convicción de que tradición y legalidad pueden, y deben, ir de la mano, es haber hablado en Las Ventas pensando en mi padre, sabiendo que, de alguna manera, estaba allí.

Y, sobre todo, es la gente que está a mi lado. Mi madre, que siempre supo ver en mí lo que yo aún no sabía explicar. Teresa, que esta en cada ausencia sin reproches, sosteniendo más de lo que se ve, y sobre todo mis hijos —Diego, Alberto y David—, que son el verdadero motor de todo, la razón por la que uno quiere volver a casa, la medida real de lo importante. Ojalá algún día entiendan que detrás de cada esfuerzo, de cada sacrificio, de cada momento en el que no estuve del todo, siempre estuvieron ellos. Siempre.

A quienes han estado cerca, a quienes confiaron cuando yo dudaba, a quienes enseñaron, incluso cuando dolía.

Casi treinta años después, no es un cierre, es un punto de partida, porque todavía quedan proyectos por construir, caminos por recorrer y sueños que aún no tienen nombre.

Seguir adelante no es una opción, es una forma de vida.

Seguimos en el camino.


Alberto Joven

📧 info@albertojoven.com
📧 ajoven@seicoasesores.com
👉 www.albertojoven.com
👉 www.seicoasesores.com