viernes, 31 de julio de 2026

Las campanadas del 31 de julio

 #HistoriasDeUnAsesor

🎆 Para muchos, el fin de año llega el 31 de diciembre. Para quienes trabajamos en una asesoría, parece que nuestro particular fin de año llega hoy, 31 de julio.

Hoy termina un ciclo, cerramos meses de trabajo intenso, de campañas, de llamadas, de correos, de reuniones, de plazos que parecen no tener fin y de esa sensación permanente de que todo tiene que estar hecho para ayer. Y cuando uno llega a un día como hoy, inevitablemente se para a pensar. Todos los años me ocurre...

Piensas en todo lo vivido, en las personas que ha ayudado, en los problemas que ha intentado resolver y también en todo aquello que, muchas veces, ha dejado de lado por cumplir con su trabajo. Nunca olvides, que detrás de cada correo que enviamos, de cada llamada que atendemos y de cada consulta que resolvemos, hay profesionales... pero también hay personas.

Hay padres, madres, hijos, parejas, amigos, personas que también necesitan una tarde tranquila, una comida sin mirar el móvil, una conversación sin interrupciones o simplemente sentarse unos minutos sin que el teléfono vuelva a sonar. ¿Lo pensamos alguna vez? Y ojo, reconozco que yo soy el primero que muchas veces no sabe desconectar.

📱 Me llevo el portátil, reviso el correo donde no debería hacerlo, contesto mensajes cuando quizá tendrían que esperar y termino robándole tiempo a quienes más quiero. Pero insisto, también creo que todos deberíamos hacer un pequeño ejercicio de reflexión.

Hace años, si una tienda cerraba a las ocho de la tarde, nadie llamaba a las ocho y cinco esperando que le atendieran. Si una oficina estaba cerrada, entendíamos que tocaría esperar al día siguiente. Hoy parece completamente normal enviar un WhatsApp a las once de la noche, un domingo o en pleno periodo de vacaciones y, además, esperar una respuesta inmediata... y la respuesta inmediata, a veces no es la correcta.

🤝 Creo sinceramente que estamos perdiendo algo muy importante: el respeto por el tiempo de los demás. Creo, o afirmo... 

No todo puede ser urgente, no todo requiere una respuesta en cinco minutos, no todo justifica interrumpir el descanso de otra persona... ¿estás de acuerdo? Por supuesto que existen situaciones realmente urgentes y ahí siempre estaremos, pero la mayoría de las veces confundimos la urgencia con la impaciencia.

Vivimos acelerados. Nos molestamos si un camarero tarda un poco más, si el coche de delante circula despacio, si un correo no obtiene respuesta en una hora o si alguien no contesta una llamada en el momento.

Y ahora, además, la inteligencia artificial nos acostumbra todavía más a la inmediatez. Preguntas algo y obtienes una respuesta en segundos. Todo parece fácil, rápido e instantáneo. Pero las personas no funcionamos así, las personas necesitamos descansar, necesitamos equivocarnos, necesitamos parar pero sobre todo necesitamos que, de vez en cuando, alguien entienda que una respuesta puede esperar hasta mañana.

💙 Hoy cierro este particular año laboral con muchísimo cansancio, pero también con la enorme satisfacción de haber dado todo lo que tenía dentro. Ha sido un año intenso, lleno de cambios profesionales, de nuevos proyectos, de responsabilidades, de momentos muy buenos y también de otros especialmente complicados.

Y, pese a todo, aquí seguimos, con la misma ilusión que el primer día, con las mismas ganas de ayudar, con la misma responsabilidad de intentar hacer bien nuestro trabajo.


Y permitidme terminar con una reflexión muy personal.

❤️ Yo también utilizo la inteligencia artificial. Me ayuda a ordenar ideas, a estructurar textos y a ahorrar tiempo, sería absurdo negarlo, pero, aun así, me sigue gustando mucho más escribir con el corazón. Quizá hoy lo hago menos de lo que me gustaría, porque el trabajo deja poco tiempo para sentarse a pensar con calma, pero cuando consigo hacerlo intento que cada palabra sea mía, que refleje lo que realmente siento y que quien la lea encuentre a la persona que hay detrás del profesional.

Las publicaciones pasan, los algoritmos cambian, la tecnología evoluciona... pero la autenticidad sigue siendo lo único que nunca pasa de moda.

Gracias a todos los que, de una forma u otra, habéis formado parte de este año laboral.

Por circunstancias, me tocará descansar menos de lo esperado, pero prometo y me pongo el reto, que será mi último año así. Pero ojo, revisad este post, y no os enfadéis si el camarero del chiringuito atiende a dos antes que a vosotros.

🚀 Seguimos en el camino.

Alberto Joven

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viernes, 17 de abril de 2026

Ese cartel de Morés...

Hay carteles que anuncian unas fiestas… y hay carteles que te rompen por dentro, que te remueven, que te devuelven a quien fuiste y te recuerdan quién sigues siendo, aunque la vida te haya llevado lejos. Este cartel de Morés no lo miro, lo siento, lo agarro con el alma.

Tengo 52 años, y no debería pasarme esto, o eso diría cualquiera, pero me pasa, me sigue pasando como cuando era un niño, ese cosquilleo en el estómago, esa especie de nerviosismo que no se puede explicar, que no se controla, que aparece sin pedir permiso y te aprieta el pecho, y te hace sonreír… y a la vez te emociona hasta el punto de tener que apartar la mirada un segundo. Es obvio, que habrá gente, mucha, que esto, no lo entenderá.

Esto no va de toros, ni de fechas, ni de horarios, ni siquiera de un programa. Esto va de vida, de raíces, de verdad, de ilusión con mayúsculas.

He perdido la cuenta de los años que llevo en esto, sinceramente, ya no sé si son muchos o demasiados, ya no sé cuándo empezó todo, solo sé que empezó con la ilusión de un crío que soñaba con ver su pueblo lleno, con ver recortadores, con ver buenas ganaderías, con sentir que Morés podía ser algo más, y que ese sueño, poco a poco, casi sin darme cuenta, se ha ido haciendo realidad.

Y sí, con el tiempo esto ha tenido un punto más profesional, pero en mi pueblo nunca lo será del todo, en mi pueblo siempre será vocación, siempre será afición, siempre será amor, amor del de verdad, del que no se explica, del que no se negocia.

Morés… un pueblo de apenas 300 habitantes, un pueblo como muchos que en invierno se queda en nada, en silencio, en calles vacías, en luces apagadas, un pueblo que lucha, como tantos, por no desaparecer, por no convertirse en un recuerdo, en una fotografía antigua, en una historia que alguien cuenta en pasado. Pronto vienen elecciones locales, y pronto vendrán las promesas que nunca se cumplen... duele decirlo, pero es así.

Para mi, este cartel es mucho más que papel, es un grito, es una forma de decir “seguimos aquí”, es una manera de resistir, de agarrarse a lo poco que tenemos y hacerlo grande, aunque cueste, aunque a veces parezca imposible.

He pasado momentos muy malos, demasiado malos, de esos que te desgastan por dentro, que te hacen dudar, que te hacen pensar en dejarlo todo, en tirar la toalla, en rendirte… pero entonces aparece una sonrisa, la de un niño, la de alguien mayor que te da una palmada en el hombro, que te dice “gracias”, y en ese momento entiendes que no puedes parar, que no debes parar. Porque esto no es mío, nunca lo ha sido.

He de ser consciente, que queriendo o sin querer, he sido muchas veces la cara visible, sí, pero esto es de todos, de los que están, de los que estuvieron y de los que vendrán, de los que ayudan sin que se les vea, de los que se implican, de los que incluso he tenido que empujar, casi arrastrar, para que estuvieran ahí, porque esto, o es de todos… o no es de nadie. Fin.




En 2024 di un paso al lado oficialmente de la Asociación Morés Activo, pero hay decisiones que no llegan al corazón, y el corazón manda, y en los festejos taurinos aquí sigo, como siempre, porque hay cosas de las que uno no se puede retirar, porque simplemente forman parte de ti.

Y tengo miedo, claro que tengo miedo. Porque puede que este sea el último año, o puede que no, nadie lo sabe, cada año es una batalla, una incertidumbre, una lucha silenciosa, de esas que no se ven, de esas que desgastan, pero que también te enseñan a valorar lo que tienes.

Disfrutemos ahora, mientras podamos, porque en los pueblos siempre pasa lo mismo, siempre, cuando algo desaparece es cuando nos damos cuenta de lo que valía, y no quiero que eso pase, no quiero tener que echar de menos algo como esto, no quiero que esta llama se apague sin más, sin luchar.

Que nadie nos engañe, que nadie nos venga a decir desde fuera lo que tenemos que hacer, porque nadie de fuera va a venir a salvarnos, nadie va a pelear por lo nuestro como lo hacemos nosotros. El medio rural se defiende desde dentro, con uñas y dientes, con esfuerzo, con orgullo, con gente que cree, aunque a veces parezca que todo está en contra.

Llevemos por bandera la ilusión, que nuestros hijos puedan mirar atrás y decir que hubo gente que lo intentó, que no se rindió, que luchó por mantener viva la luz de su pueblo, aunque fuera pequeña, aunque temblara.

Nos queda mucho por recorrer… y ojalá mucho por vivir. Trabajemos juntos, de verdad, sin excusas, sin mirar a otro lado, para que Morés siga siendo referencia, para que este cartel no sea un recuerdo, sino una promesa, un presente, una continuidad.

Y ojalá, ojalá de corazón, ese cosquilleo no se me vaya nunca, porque el día que desaparezca… será que algo dentro de mí también se ha apagado.

Y en todo esto, siempre, inevitablemente… aparece la imagen de mi padre con su gorrica roja... Seguir adelante no es una opción, es una forma de vida.

Seguimos en el camino.

Alberto Joven

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viernes, 20 de marzo de 2026

#Reflexión: Casi treinta años después

Hoy, me apetecía escribir... cuando la cabeza echa humo, un stop siempre viene bien para recordar de donde vienes...

Por eso, en la vida hay momentos en los que uno se detiene, mira hacia atrás y el camino recorrido parece casi inverosímil, un trayecto largo, lleno de curvas, de subidas exigentes y de descensos inesperados. Y entonces surge una pregunta silenciosa: ¿de verdad he llegado hasta aquí con los mismos pies con los que empecé, con el mismo corazón?

Empecé en 1996, con veintitantos años, una mesa, un teléfono y una convicción que nadie me enseñó, pero que siempre estuvo ahí: ayudar a los demás no es solo un trabajo, es una forma de estar en el mundo. No había manuales ni certezas, solo trabajo, errores, madrugadas y una determinación obstinada, no rendirse. Y no fue fácil, nunca lo fue del todo.

Casi treinta años después, cuando alguien me pregunta a qué me dedico, sigo sin encontrar una respuesta breve. Soy asesor laboral, sí, pero también soy quien ha descolgado el teléfono de madrugada cuando un cliente no sabía si podría pagar las nóminas al día siguiente, quien ha acompañado a empresas al borde del abismo y ha tenido el privilegio de verlas levantarse, quien ha sufrido en silencio cuando algo no salió como debía —porque sí, los maños también sentimos, aunque no siempre lo mostremos— y quien ha celebrado, con la misma intensidad, esas pequeñas victorias que nadie más ve.

Porque este oficio, cuando se vive de verdad, no es solo técnico, es profundamente humano.

Lo comprendí del todo aquella noche del 14 de marzo de 2020, cuando el mundo se detuvo y nosotros no pudimos hacerlo, teléfonos sin parar, incertidumbre absoluta, normas que cambiaban cada día y boletines publicados a medianoche que había que interpretar al instante. Y mientras tanto, nadie preguntaba cómo estábamos.

Aquella noche entendí algo que no se olvida: nuestra profesión consiste, muchas veces, en sostener la economía real con las manos, en silencio, sin focos, porque ese es nuestro sitio, porque alguien tiene que estar ahí.



Pero antes de todo eso, antes de los congresos, de los micrófonos, de cualquier reconocimiento, hubo una lección que marcó mi camino: Tendido 18.

Mi primer proyecto empresarial, una idea nacida desde la pasión y también el aprendizaje más duro, porque no todo el mundo que camina contigo comparte tu dirección, porque la traición duele más cuando no la esperas y porque elegir bien a las personas que te acompañan no es un detalle, es absolutamente determinante. Pero Tendido 18 no fue un fracaso, fue el precio de aprender demasiado pronto lo que otros aprenden demasiado tarde.

De ahí salí con más fuerza, con más criterio y con una idea clara: los proyectos importan, pero las personas que los sostienen importan más.

Y así llegaron Seico Consultores, Arena Servisanit, Fyra Consultores, PosicionaTuMarca, ToroSocial, proyectos que nadie me encargó, que no eran fáciles, pero que tenían algo en común, estaban construidos desde una experiencia ya vivida, desde una forma distinta de elegir, de confiar, de construir.

No siempre acerté, sería ingenuo decirlo, pero acerté más, y eso, al final, también es crecer.

Hoy, Seico no es solo un despacho profesional, es una casa, un equipo que suma, que empuja, que da sentido a todo lo que hacemos, la prueba de que cuando se construye sobre valores sólidos y personas comprometidas, lo que se levanta resiste.

Pero esta historia no es solo profesional, sino que también es personal.

Es Morés, mi origen, mi identidad, el lugar al que siempre pertenezco, aunque la vida me lleve lejos, allí siguen las raíces, la memoria, las miradas de quienes me vieron empezar, allí todo cobra sentido de nuevo cada vez que vuelvo.

Es ToroSocial, es Imanol, son los pueblos que confían en nosotros, es la convicción de que tradición y legalidad pueden, y deben, ir de la mano, es haber hablado en Las Ventas pensando en mi padre, sabiendo que, de alguna manera, estaba allí.

Y, sobre todo, es la gente que está a mi lado. Mi madre, que siempre supo ver en mí lo que yo aún no sabía explicar. Teresa, que esta en cada ausencia sin reproches, sosteniendo más de lo que se ve, y sobre todo mis hijos —Diego, Alberto y David—, que son el verdadero motor de todo, la razón por la que uno quiere volver a casa, la medida real de lo importante. Ojalá algún día entiendan que detrás de cada esfuerzo, de cada sacrificio, de cada momento en el que no estuve del todo, siempre estuvieron ellos. Siempre.

A quienes han estado cerca, a quienes confiaron cuando yo dudaba, a quienes enseñaron, incluso cuando dolía.

Casi treinta años después, no es un cierre, es un punto de partida, porque todavía quedan proyectos por construir, caminos por recorrer y sueños que aún no tienen nombre.

Seguir adelante no es una opción, es una forma de vida.

Seguimos en el camino.


Alberto Joven

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jueves, 22 de enero de 2026

"TOROSOCIAL y su misión"

 

En 1996 di mis primeros pasos como asesor laboral y, desde entonces, han sido casi treinta años (concretamente en noviembre de este año haré los 30 años de profesión) de dedicación, de aprendizaje constante y de una convicción firme: la profesionalidad no es solo una forma de trabajar, es una manera de transformar realidades. 

En 2021, fruto de mi afición al festejo popular, y mi cercanía con la situación, y con la creación de Torosocial, sentí que la experiencia profesional de toda una vida debía ponerse al servicio del medio rural, de esos pueblos que con demasiada frecuencia son olvidados y que, sin embargo, constituyen el alma que da sentido y vida a nuestras ciudades. Sin ellos, nada de lo que hoy entendemos como sociedad sería posible. Pocas personas tienen esto claro, solo aquellos, que de verdad, de una forma u otra estamos vinculados a allos.

A partir de ahi, y junto a Imanol Sánchez, socio y compañero de camino y batallas en esta aventura, y con un equipo que asume cada directriz con compromiso y pasión, hemos ido intentando cambiar, o más bien, ordenar las reglas del juego. Donde antes lo legal, lo jurídico, lo administrativo, se percibía como algo ajeno o incluso incómodo, hoy es motivo de orgullo que sea lo normal, lo esperado y lo correcto. Sin duda, ese es el camino.





Sé que, en ocasiones, puede parecer que ponemos barreras, trabas, pero esas barreras no son un freno, sino un impulso, la garantía de que cada persona pueda disfrutar con seguridad, tranquilidad y respeto por las normas. Porque proteger no es limitar, es cuidar. No tengo ninguna duda. Como decía un buen amigo mio, un buen asesoramiento no limita, no es un freno, sino que es un "airbag" de seguridad ante cualquier imprevisto.

En esta temporada 2026 siento, con especial claridad, que damos un salto definitivo. Un paso adelante que consolida un modelo en el que la tradición y la responsabilidad caminan juntas, y en el que el medio rural ocupa el lugar que siempre debió tener. Seamos conscientes de lo que tenemos entre manos, y busquemos la tranquilidad que requiere la situación. 

Torosocial no es solo una empresa. Es la certeza de que, mientras otros celebran, nosotros velamos por la tranquilidad de todos. Es estar ahí, de la mano de la administración, haciendo posible que lo que ayer parecía imposible hoy sea un motivo de orgullo compartido.

Nunca habrá mejor sitio, que vernos en los pueblos


Alberto Joven

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martes, 30 de diciembre de 2025

Más balances y menos propósitos

Llegamos al final del año y, como casi siempre, parece que toca pararse a pensar en propósitos. En todo lo que deberíamos hacer el año que viene, en cómo queremos que sea el 2026.

Sin embargo, cada vez tengo más claro que antes de mirar hacia delante conviene mirar hacia atrás, con calma, sin trampas, con honestidad.

Por eso este año me quedo con una idea muy simple: más balances y menos propósitos.

Porque el balance no se hace de cara a la galería, el balance se hace a solas. Es ese ejercicio incómodo en el que repasas lo vivido y te das cuenta de que ha habido momentos muy buenos… y otros en los que has ido justo de fuerzas. Días en los que todo fluía y otros en los que levantarse ya era, en sí mismo, una pequeña victoria.

2025 ha sido un año intenso. Un año de muchas batallas, de decisiones que no siempre eran fáciles y de seguir adelante incluso cuando las ganas no acompañaban del todo, pero se seguía. 

Hay dos puntos que considero claves:

  1. Cuando apuestas por tu proyecto, por tu trabajo y por tu forma de entender la vida profesional, sabes que no caminas solo. 
  2. Cuando hay personas que confían en ti, rendirse no es una opción.

Este año me ha reafirmado en algo que llevo tiempo creyendo: los resultados llegan cuando hay trabajo, esfuerzo y constancia, pero también cuando los proyectos se construyen sobre cimientos sólidos. Nada duradero se levanta deprisa, nada serio se sostiene sin base, por supuesto, todo lo que merece la pena exige tiempo, cabeza y muchas horas que nadie ve.

¡Ojo! y es duro reconocerlo, pero también exige renuncias. Hacer balance es aceptar que, en ese camino, a veces dejamos cosas importantes en segundo plano, la familia, la pareja, los hijos, los padres, no porque no importen, sino porque el día a día, las responsabilidades y la presión nos van arrastrando. Reconocerlo no es castigarse; es tomar conciencia para hacerlo mejor.




Por eso creo tanto en el balance. Porque el balance no es autoflagelarse, es aprender, es detectar en qué hemos fallado para corregirlo, y en qué hemos acertado para reforzarlo.

Tengo algo muy claro, los propósitos suelen ser bonitos, pero efímeros. El balance, en cambio, es real, y desde ahí es desde donde se mejora de verdad.

Sin duda alguna, si hay algo que este año ha dejado claro es la importancia de la salud. Sin salud no hay proyectos, ni trabajo, ni ilusión. La salud es lo que nos permite seguir aquí, seguir empujando y poder volver a leernos dentro de un año. Cuidarla no es una opción secundaria, es la base de todo lo demás.

Al cerrar este 2025 solo me sale agradecer. A todos los que, de una forma u otra, habéis estado cerca. A los que habéis acompañado, apoyado, empujado y entendido incluso en los momentos más complicados. Gracias de verdad. Entre todos habéis contribuido a que sea un poco mejor.

Para el 2026 no hago grandes promesas. Prefiero que la vida, el trabajo y el día a día vayan marcando el camino, pero sí tengo clara una cosa: más balances, menos propósitos, más conciencia y, sobre todo, más salud para poder seguir compartiendo camino.

Os deseo de corazón un muy feliz 2026

Feliz Año 2026.



Alberto Joven

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domingo, 21 de diciembre de 2025

Navidad... ese tiempo de reflexionar

 

Vuelvo a escribir en este espacio, un rincón que abrí hace muchos años, el mismo día en que recibimos una noticia fatídica, en recuerdo de mi padre. Nació en un momento de dolor, pero también de necesidad de ordenar pensamientos, de dejar constancia y de seguir adelante. Desde entonces, este lugar ha estado conmigo, aunque el día a día —el trabajo, las responsabilidades, las urgencias— lo haya ido dejando en silencio. No por falta de cariño, sino por falta de tiempo y, quizá, porque hay momentos en los que uno necesita parar antes de volver a decir algo con sentido.

La Navidad tiene eso, te obliga, casi sin pedir permiso, a detenerte, a pensar, a hacer balance, a mirar el año que se va con honestidad: lo bueno, lo malo y lo regular, los retos asumidos y los conseguidos, aquello de lo que sentirse orgulloso y aquello que aún queda por corregir. Es el momento de preguntarte dónde has puesto el foco y dónde tendrás que poner la solución.

Cuando lo das todo, aparecen decepciones por el camino, personas que no responden, proyectos que no salen como esperabas, esfuerzos que no siempre son reconocidos. Pero si algo he aprendido es que la clave está en mantenerse fiel a las propias ideas, seguir luchando, trabajar con constancia y rodearte de quienes caminan contigo, de los que creen, de los que suman y de los que permanecen.




La Navidad también es mirar atrás y darte cuenta de quién eras, entender quién eres hoy y pensar, con cierta responsabilidad, en quién quieres ser mañana. Reconocer la evolución, los cambios, las decisiones tomadas y asumir que crecer implica aprender, equivocarse y volver a empezar.

Navidad es familia, es la gente que está y la que falta, la que echas de menos y la que nunca estará, pero sigue ocupando un lugar. Es tomar conciencia de que el tiempo es limitado y de que, muchas veces, se lo robamos —sin querer— a quienes conviven con nosotros, a quienes nos acompañan en el día a día, a quienes esperan comprensión, presencia y respeto. Por eso importan tanto los pequeños gestos: un buenos días, un por favor, un gracias, un beso en la mejilla.

También es un momento de reflexión silenciosa sobre todo lo que has dejado de vivir por el camino, porque elegir un rumbo implica renuncias, porque luchar y esforzarse por un proyecto, por un futuro mejor, por quienes trabajan a tu lado y por dar lo mejor a tus hijos tiene un coste. Y aun así, merece la pena.

Navidad es pausa, es conciencia, es verdad.

Pero no lo olvidemos, la Navidad no es solo una fecha. La Navidad también eres tú, en lo que haces, en cómo tratas a los demás y en el respeto que muestras hacia quienes comparten contigo su tiempo y su vida.

Cuidar este espacio también es una forma de cuidar la memoria, las ideas y el camino recorrido. Volveré cuando tenga algo que merezca ser escrito con calma y verdad.

Feliz Navidad.



Alberto Joven

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miércoles, 30 de abril de 2025

El 11 de Mayo nos vemos en Madrid

El próximo domingo 11 de mayo estaré en Madrid, en la Sala Antonio Bienvenida de Las Ventas, participando en una charla sobre los festejos taurinos populares.

Estaré allí hablando de organización, de legislación, de gestión, de tradición… pero, por encima de todo, hablaré desde el corazón puesto que yo no me considero un profesional del toro, sino que  soy simplemente un aficionado, un tipo de pueblo, de Morés, que empezó organizando pequeños festejos con más ilusión que medios, un tipo que siempre se ha sentido cómodo en segunda fila, escuchando, aprendiendo de los que más sabían, y que nunca ha querido dejar de ser “Alberto el de Morés”, ni siquiera cuando le han invitado a hablar en lugares como este.

Gracias a este mundo, a esta afición, he compartido muchas tardes con grandes profesionales, pero también con peñas, con asociaciones, con personas que viven esto de verdad. Sin duda, una de las cosas más bonitas que me ha dado este camino ha sido el cariño de amigos por muchos lugares de España, y como no, he de nombrar a los emboladores de Colmenar de Oreja, que han servido de nexo de unión para poder estar aquí. No sería justo dejarme a tantos y tantos que durante años han estado cerca de mí, acompañándome sin pedir nada a cambio.




A día de hoy, con la ayuda de mi amigo y socio Imanol Sánchez, gracias al cual estoy metido de lleno dentro de este mundo, intento aportar desde lo que sé: desde la gestión, desde la asesoría, desde el cumplimiento normativo y el respeto a la tradición, porque la seguridad y la calidad no deben estar reñidas con lo que somos. Desde Torosocial, luchamos para que la fiesta siga teniendo futuro, para que la pasión no sea incompatible con la profesionalidad. Nos queda mucho por recorrer, pero me ilusiona que ver que algo estamos consiguiendo…

Es cierto, que nunca tuve valor para ponerme delante, pero siempre he sentido la necesidad de estar cerca. Y aunque esté anunciado en un cartel, aunque me toque hablar en una sala emblemática, mi sitio sigue siendo ese: la segunda fila, la que permite trabajar con humildad para que esto no se pierda.

Ojalá mis hijos, y todos los niños que vienen detrás, puedan vivir los festejos como los vivimos nosotros. Con respeto, con emoción, con el alma encendida, porque en muchos pueblos, donde el día a día va apagando poco a poco su llama, los festejos populares siguen siendo una de las últimas luces que nos recuerdan quiénes somos.

No puedo evitarlo. Ojalá mi padre pudiera ver este cartel, puesto que, aunque esto no sea la portada de un periódico ni el programa de mano de una gran feria, para mí significa haber llegado a un lugar que jamás imaginé.

Nos vemos en Madrid, hablando de lo que más nos gusta.


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