Hay carteles que anuncian unas fiestas… y hay carteles que te rompen por dentro, que te remueven, que te devuelven a quien fuiste y te recuerdan quién sigues siendo, aunque la vida te haya llevado lejos. Este cartel de Morés no lo miro, lo siento, lo agarro con el alma.
Tengo 52 años, y no debería pasarme esto, o eso diría cualquiera, pero me pasa, me sigue pasando como cuando era un niño, ese cosquilleo en el estómago, esa especie de nerviosismo que no se puede explicar, que no se controla, que aparece sin pedir permiso y te aprieta el pecho, y te hace sonreír… y a la vez te emociona hasta el punto de tener que apartar la mirada un segundo. Es obvio, que habrá gente, mucha, que esto, no lo entenderá.
Esto no va de toros, ni de fechas, ni de horarios, ni siquiera de un programa. Esto va de vida, de raíces, de verdad, de ilusión con mayúsculas.
He perdido la cuenta de los años que llevo en esto, sinceramente, ya no sé si son muchos o demasiados, ya no sé cuándo empezó todo, solo sé que empezó con la ilusión de un crío que soñaba con ver su pueblo lleno, con ver recortadores, con ver buenas ganaderías, con sentir que Morés podía ser algo más, y que ese sueño, poco a poco, casi sin darme cuenta, se ha ido haciendo realidad.
Y sí, con el tiempo esto ha tenido un punto más profesional, pero en mi pueblo nunca lo será del todo, en mi pueblo siempre será vocación, siempre será afición, siempre será amor, amor del de verdad, del que no se explica, del que no se negocia.
Morés… un pueblo de apenas 300 habitantes, un pueblo como muchos que en invierno se queda en nada, en silencio, en calles vacías, en luces apagadas, un pueblo que lucha, como tantos, por no desaparecer, por no convertirse en un recuerdo, en una fotografía antigua, en una historia que alguien cuenta en pasado. Pronto vienen elecciones locales, y pronto vendrán las promesas que nunca se cumplen... duele decirlo, pero es así.
Para mi, este cartel es mucho más que papel, es un grito, es una forma de decir “seguimos aquí”, es una manera de resistir, de agarrarse a lo poco que tenemos y hacerlo grande, aunque cueste, aunque a veces parezca imposible.
He pasado momentos muy malos, demasiado malos, de esos que te desgastan por dentro, que te hacen dudar, que te hacen pensar en dejarlo todo, en tirar la toalla, en rendirte… pero entonces aparece una sonrisa, la de un niño, la de alguien mayor que te da una palmada en el hombro, que te dice “gracias”, y en ese momento entiendes que no puedes parar, que no debes parar. Porque esto no es mío, nunca lo ha sido.
He de ser consciente, que queriendo o sin querer, he sido muchas veces la cara visible, sí, pero esto es de todos, de los que están, de los que estuvieron y de los que vendrán, de los que ayudan sin que se les vea, de los que se implican, de los que incluso he tenido que empujar, casi arrastrar, para que estuvieran ahí, porque esto, o es de todos… o no es de nadie. Fin.
En 2024 di un paso al lado oficialmente de la Asociación Morés Activo, pero hay decisiones que no llegan al corazón, y el corazón manda, y en los festejos taurinos aquí sigo, como siempre, porque hay cosas de las que uno no se puede retirar, porque simplemente forman parte de ti.
Y tengo miedo, claro que tengo miedo. Porque puede que este sea el último año, o puede que no, nadie lo sabe, cada año es una batalla, una incertidumbre, una lucha silenciosa, de esas que no se ven, de esas que desgastan, pero que también te enseñan a valorar lo que tienes.
Disfrutemos ahora, mientras podamos, porque en los pueblos siempre pasa lo mismo, siempre, cuando algo desaparece es cuando nos damos cuenta de lo que valía, y no quiero que eso pase, no quiero tener que echar de menos algo como esto, no quiero que esta llama se apague sin más, sin luchar.
Que nadie nos engañe, que nadie nos venga a decir desde fuera lo que tenemos que hacer, porque nadie de fuera va a venir a salvarnos, nadie va a pelear por lo nuestro como lo hacemos nosotros. El medio rural se defiende desde dentro, con uñas y dientes, con esfuerzo, con orgullo, con gente que cree, aunque a veces parezca que todo está en contra.
Llevemos por bandera la ilusión, que nuestros hijos puedan mirar atrás y decir que hubo gente que lo intentó, que no se rindió, que luchó por mantener viva la luz de su pueblo, aunque fuera pequeña, aunque temblara.
Nos queda mucho por recorrer… y ojalá mucho por vivir. Trabajemos juntos, de verdad, sin excusas, sin mirar a otro lado, para que Morés siga siendo referencia, para que este cartel no sea un recuerdo, sino una promesa, un presente, una continuidad.
Y ojalá, ojalá de corazón, ese cosquilleo no se me vaya nunca, porque el día que desaparezca… será que algo dentro de mí también se ha apagado.
Y en todo esto, siempre, inevitablemente… aparece la imagen de mi padre con su gorrica roja... Seguir adelante no es una opción, es una forma de vida.
Seguimos en el camino.
Alberto Joven
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