martes, 30 de diciembre de 2025

Más balances y menos propósitos

Llegamos al final del año y, como casi siempre, parece que toca pararse a pensar en propósitos. En todo lo que deberíamos hacer el año que viene, en cómo queremos que sea el 2026.

Sin embargo, cada vez tengo más claro que antes de mirar hacia delante conviene mirar hacia atrás, con calma, sin trampas, con honestidad.

Por eso este año me quedo con una idea muy simple: más balances y menos propósitos.

Porque el balance no se hace de cara a la galería, el balance se hace a solas. Es ese ejercicio incómodo en el que repasas lo vivido y te das cuenta de que ha habido momentos muy buenos… y otros en los que has ido justo de fuerzas. Días en los que todo fluía y otros en los que levantarse ya era, en sí mismo, una pequeña victoria.

2025 ha sido un año intenso. Un año de muchas batallas, de decisiones que no siempre eran fáciles y de seguir adelante incluso cuando las ganas no acompañaban del todo, pero se seguía. 

Hay dos puntos que considero claves:

  1. Cuando apuestas por tu proyecto, por tu trabajo y por tu forma de entender la vida profesional, sabes que no caminas solo. 
  2. Cuando hay personas que confían en ti, rendirse no es una opción.

Este año me ha reafirmado en algo que llevo tiempo creyendo: los resultados llegan cuando hay trabajo, esfuerzo y constancia, pero también cuando los proyectos se construyen sobre cimientos sólidos. Nada duradero se levanta deprisa, nada serio se sostiene sin base, por supuesto, todo lo que merece la pena exige tiempo, cabeza y muchas horas que nadie ve.

¡Ojo! y es duro reconocerlo, pero también exige renuncias. Hacer balance es aceptar que, en ese camino, a veces dejamos cosas importantes en segundo plano, la familia, la pareja, los hijos, los padres, no porque no importen, sino porque el día a día, las responsabilidades y la presión nos van arrastrando. Reconocerlo no es castigarse; es tomar conciencia para hacerlo mejor.




Por eso creo tanto en el balance. Porque el balance no es autoflagelarse, es aprender, es detectar en qué hemos fallado para corregirlo, y en qué hemos acertado para reforzarlo.

Tengo algo muy claro, los propósitos suelen ser bonitos, pero efímeros. El balance, en cambio, es real, y desde ahí es desde donde se mejora de verdad.

Sin duda alguna, si hay algo que este año ha dejado claro es la importancia de la salud. Sin salud no hay proyectos, ni trabajo, ni ilusión. La salud es lo que nos permite seguir aquí, seguir empujando y poder volver a leernos dentro de un año. Cuidarla no es una opción secundaria, es la base de todo lo demás.

Al cerrar este 2025 solo me sale agradecer. A todos los que, de una forma u otra, habéis estado cerca. A los que habéis acompañado, apoyado, empujado y entendido incluso en los momentos más complicados. Gracias de verdad. Entre todos habéis contribuido a que sea un poco mejor.

Para el 2026 no hago grandes promesas. Prefiero que la vida, el trabajo y el día a día vayan marcando el camino, pero sí tengo clara una cosa: más balances, menos propósitos, más conciencia y, sobre todo, más salud para poder seguir compartiendo camino.

Os deseo de corazón un muy feliz 2026

Feliz Año 2026.



Alberto Joven

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domingo, 21 de diciembre de 2025

Navidad... ese tiempo de reflexionar

 

Vuelvo a escribir en este espacio, un rincón que abrí hace muchos años, el mismo día en que recibimos una noticia fatídica, en recuerdo de mi padre. Nació en un momento de dolor, pero también de necesidad de ordenar pensamientos, de dejar constancia y de seguir adelante. Desde entonces, este lugar ha estado conmigo, aunque el día a día —el trabajo, las responsabilidades, las urgencias— lo haya ido dejando en silencio. No por falta de cariño, sino por falta de tiempo y, quizá, porque hay momentos en los que uno necesita parar antes de volver a decir algo con sentido.

La Navidad tiene eso, te obliga, casi sin pedir permiso, a detenerte, a pensar, a hacer balance, a mirar el año que se va con honestidad: lo bueno, lo malo y lo regular, los retos asumidos y los conseguidos, aquello de lo que sentirse orgulloso y aquello que aún queda por corregir. Es el momento de preguntarte dónde has puesto el foco y dónde tendrás que poner la solución.

Cuando lo das todo, aparecen decepciones por el camino, personas que no responden, proyectos que no salen como esperabas, esfuerzos que no siempre son reconocidos. Pero si algo he aprendido es que la clave está en mantenerse fiel a las propias ideas, seguir luchando, trabajar con constancia y rodearte de quienes caminan contigo, de los que creen, de los que suman y de los que permanecen.




La Navidad también es mirar atrás y darte cuenta de quién eras, entender quién eres hoy y pensar, con cierta responsabilidad, en quién quieres ser mañana. Reconocer la evolución, los cambios, las decisiones tomadas y asumir que crecer implica aprender, equivocarse y volver a empezar.

Navidad es familia, es la gente que está y la que falta, la que echas de menos y la que nunca estará, pero sigue ocupando un lugar. Es tomar conciencia de que el tiempo es limitado y de que, muchas veces, se lo robamos —sin querer— a quienes conviven con nosotros, a quienes nos acompañan en el día a día, a quienes esperan comprensión, presencia y respeto. Por eso importan tanto los pequeños gestos: un buenos días, un por favor, un gracias, un beso en la mejilla.

También es un momento de reflexión silenciosa sobre todo lo que has dejado de vivir por el camino, porque elegir un rumbo implica renuncias, porque luchar y esforzarse por un proyecto, por un futuro mejor, por quienes trabajan a tu lado y por dar lo mejor a tus hijos tiene un coste. Y aun así, merece la pena.

Navidad es pausa, es conciencia, es verdad.

Pero no lo olvidemos, la Navidad no es solo una fecha. La Navidad también eres tú, en lo que haces, en cómo tratas a los demás y en el respeto que muestras hacia quienes comparten contigo su tiempo y su vida.

Cuidar este espacio también es una forma de cuidar la memoria, las ideas y el camino recorrido. Volveré cuando tenga algo que merezca ser escrito con calma y verdad.

Feliz Navidad.



Alberto Joven

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miércoles, 30 de abril de 2025

El 11 de Mayo nos vemos en Madrid

El próximo domingo 11 de mayo estaré en Madrid, en la Sala Antonio Bienvenida de Las Ventas, participando en una charla sobre los festejos taurinos populares.

Estaré allí hablando de organización, de legislación, de gestión, de tradición… pero, por encima de todo, hablaré desde el corazón puesto que yo no me considero un profesional del toro, sino que  soy simplemente un aficionado, un tipo de pueblo, de Morés, que empezó organizando pequeños festejos con más ilusión que medios, un tipo que siempre se ha sentido cómodo en segunda fila, escuchando, aprendiendo de los que más sabían, y que nunca ha querido dejar de ser “Alberto el de Morés”, ni siquiera cuando le han invitado a hablar en lugares como este.

Gracias a este mundo, a esta afición, he compartido muchas tardes con grandes profesionales, pero también con peñas, con asociaciones, con personas que viven esto de verdad. Sin duda, una de las cosas más bonitas que me ha dado este camino ha sido el cariño de amigos por muchos lugares de España, y como no, he de nombrar a los emboladores de Colmenar de Oreja, que han servido de nexo de unión para poder estar aquí. No sería justo dejarme a tantos y tantos que durante años han estado cerca de mí, acompañándome sin pedir nada a cambio.




A día de hoy, con la ayuda de mi amigo y socio Imanol Sánchez, gracias al cual estoy metido de lleno dentro de este mundo, intento aportar desde lo que sé: desde la gestión, desde la asesoría, desde el cumplimiento normativo y el respeto a la tradición, porque la seguridad y la calidad no deben estar reñidas con lo que somos. Desde Torosocial, luchamos para que la fiesta siga teniendo futuro, para que la pasión no sea incompatible con la profesionalidad. Nos queda mucho por recorrer, pero me ilusiona que ver que algo estamos consiguiendo…

Es cierto, que nunca tuve valor para ponerme delante, pero siempre he sentido la necesidad de estar cerca. Y aunque esté anunciado en un cartel, aunque me toque hablar en una sala emblemática, mi sitio sigue siendo ese: la segunda fila, la que permite trabajar con humildad para que esto no se pierda.

Ojalá mis hijos, y todos los niños que vienen detrás, puedan vivir los festejos como los vivimos nosotros. Con respeto, con emoción, con el alma encendida, porque en muchos pueblos, donde el día a día va apagando poco a poco su llama, los festejos populares siguen siendo una de las últimas luces que nos recuerdan quiénes somos.

No puedo evitarlo. Ojalá mi padre pudiera ver este cartel, puesto que, aunque esto no sea la portada de un periódico ni el programa de mano de una gran feria, para mí significa haber llegado a un lugar que jamás imaginé.

Nos vemos en Madrid, hablando de lo que más nos gusta.


Alberto Joven

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viernes, 14 de marzo de 2025

14M El día que cambió nuestra profesión

14 de marzo de 2020

Para muchos, es solo la fecha en que comenzó el confinamiento, pero para nosotros, los asesores, ese día marcó un antes y un después en nuestra profesión. Ese sábado se declaró el estado de alarma en España y, de la noche a la mañana, todo cambió. Las calles quedaron vacías, pero nuestros teléfonos comenzaron a sonar sin parar con llamadas desesperadas de clientes. En ese instante supimos que nos enfrentábamos a una de las pruebas más difíciles de nuestras vidas profesionales.

La incertidumbre se apoderó de todos. Ni siquiera nosotros sabíamos qué iba a pasar al día siguiente, pero teníamos claro que debíamos estar ahí para nuestros clientes . La inmediatez se volvió la norma: cada nueva medida que anunciaba el Gobierno exigía respuestas y trámites al momento, sin margen de error, sin importar la hora . Muy pronto nos encontramos trabajando de madrugada , leyendo Boletines Oficiales del Estado publicados a medianoche, intentando descifrar una legislación tardía ya veces incorrecta que cambiaba casi a diario. Los cambios de criterio eran constantes; lo que valía ayer, hoy ya no, y tocaba volver a empezar: reexplicar procedimientos, rehacer papeleo, corregir formularios una y otra vez. Y a todo eso se sumaba la frustración de sentir la falta de respeto por parte de la administración hacia nuestra labor: ni un respiro en los plazos, ni una disculpa por la confusión, ni una palabra de agradecimiento por nuestro esfuerzo. Éramos esenciales para que el sistema no se detuviera, pero nadie lo decía en voz alta.

Aun así, nuestro colectivo sostuvo la economía en los momentos más difíciles. Fuimos el soporte invisible que mantuvo unidas las piezas del engranaje económico cuando todo lo demás amenazaba con romperse. Mientras otros sectores paraban, nosotros no podíamos parar . Gestionamos la recaudación del Estado asegurando que los impuestos se presentarán a tiempo, incluso cuando estábamos al límite. Apoyamos a miles de empresas y trabajadores a sobrevivir: tramitando ERTEs a contrarreloj, solicitando ayudas de emergencia, renegociando contratos, explicando decreto tras decreto. Cada vez que una empresa nos llamaba al borde del abismo, ahí estábamos, buscando soluciones. Cada vez que un trabajador no sabía si cobraría el próximo mes, ahí estábamos, aclarando sus dudas. Nuestra fue una labor silenciosa: sin hacer ruido, sin focos, detrás de despachos improvisados ​​en el comedor de casa. No recibimos aplausos a las 8 ni portadas en los periódicos, no fuimos reconocidos como los sanitarios , pero fuimos fundamentales para sostener el sistema.






Detrás de ese esfuerzo titánico, hubo también mucho miedo, agotación y sacrificio . Teníamos miedo: miedo al virus, miedo a no dar abasto, miedo a equivocarnos porque no había margen de error. Cada día trabajábamos con un nudo en la garganta, intentando mostrar calma aunque por dentro estuviéramos temblando. El agotamiento físico y mental fue extremo: semanas enteras sin descansar, durmiendo apenas unas horas, con el portátil siempre encendido en la mesa de la cocina. Sacrificamos nuestra salud y tiempo con la familia, poniendo por delante el deber con nuestros clientes y con la sociedad. Y todo ello, muchas veces, sin respuestas claras de la administración que nos orientarán. Cada pregunta que lanzábamos a los organismos oficiales regresaba con silencio o con ambigüedades. Las normas se publicaban sin explicaciones, y nosotros tuvimos que dar la cara, improvisar y responder incluso cuando ni las autoridades sabían qué responder . Fue desesperante por momentos, pero no podíamos fallarles a quienes confiaban en nosotros.

Aquel evento cambió para siempre nuestra profesión. Ya no somos solo “asesores” a secas; Después del 14 de marzo de 2020 nos convertimos también en psicólogos, gestores de crisis y apoyo emocional . Nos tocó escuchar el llanto y la angustia de clientes al borde de la ruina, conteniendo nuestras propias emociones para poder darles fuerzas. Pasamos noches ofreciendo palabras de aliento a empresarios que veían desmoronarse el trabajo de toda su vida. Fuimos consejeros emocionales : dando ánimos cuando todo parecía derrumbarse, convirtiéndonos en el hombro sobre el que muchos lloraron. Tuvimos que ser gestores de crisis , buscando soluciones creativas donde no las había, aprendiendo sobre la marcha a interpretar leyes ya tomar decisiones críticas en tiempo récord. E, incluso, dentro de nuestros propios despachos, asumimos el rol de líderes empáticos con nuestros equipos: cuidando de nuestros colaboradores, calmando sus temores y motivándolos a seguir adelante cuando las fuerzas flaqueaban. La asesoría dejó de ser solo un trabajo administrativo y pasó a ser un servicio humano integral , donde importaba tanto cuadrar un equilibrio como dar un abrazo virtual de apoyo.

A pesar de todo, dolio mucho la falta de reconocimiento por parte de la sociedad. Mientras a otros colectivos se les aplaudía y se les llamaba héroes (merecidamente), el nuestro permanecía en la sombra, casi invisible. Duele que muchos siguen viéndonos como simples “intermediarios administrativos” , como meros tramitadores de papeles. Esa visión tan limitada de nuestra labor nos llenó de frustración . Sabíamos que nos habíamos dejado la piel y el alma para mantener a flote empresas y empleos, pero aún así costaba que se valorara nuestro esfuerzo. Ver nuestro trabajo reducido a un trámite burocrático , cuando en realidad habíamos puesto el corazón en cada gestión , fue un golpe duro de encajar. Nos preguntábamos en silencio si alguien se daría cuenta alguna vez de que, sin nosotros, muchas de esas ayudas no habrían llegado a tiempo, muchas empresas no habrían sobrevivido, muchas nóminas se habrían quedado sin pagar.

Hoy, mirando hacia atrás, solo puedo sentir orgullo de pertenecer a este colectivo. Esta experiencia nos cambió, sí, pero también nos hizo más fuertes y más humanos. Quiero agradecer de corazón a todos aquellos compañeros y compañeras que dignifican esta profesión día a día . Gracias a los que, a pesar de la adversidad, supieron adaptarse, crecer y seguir adelante . Gracias por vuestro esfuerzo silencioso y por vuestro compromiso inquebrantable con vuestros clientes y con la sociedad. Puede que nunca tengamos el reconocimiento público que merecemos, pero cada negocio que sigue abierto y cada empleo que se ha salvado es prueba de nuestra labor invaluable. A todos vosotros, asesores y asesoras, que habéis sostenido el sistema cuando más lo necesitamos: GRACIAS . Gracias por mantener la economía a flote, por ser el pilar oculto en los momentos más oscuros. Puede que no llevemos capa ni bata blanca, pero estuvimos ahí cuando el mundo nos necesitó , y eso nadie nos lo podrá quitar. A todos vosotros: gracias, de corazón

Y lo más importante es que ... 

"Seguimos en el camino"


Alberto Joven

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lunes, 6 de enero de 2025

...y otro año más los Reyes no faltaron

En plena lucha de economías y audiencias de televisión, de la Pedroche o el de La Revuelta, de la Cabalgata de Sevilla o la de Madrid, de empresas que pagan pastizales por meter su coche de refilón en la cabalgata... están, o estamos, esos pueblos, esos municipios de los que nadie se acuerda  y a los que nadie les importa ni su audiencia ni su publicidad.


Sin embargo, a esos pueblos también llegan los Reyes, reyes de corazón que con más dificultades cada año, consiguen sacar una sonrisa (y algún que otro lloro) a los niños de los pequeños pueblos. Niños y mayores, ancianos que recuerdan en su niñez como eran los Reyes, que por entonces venían más pobres, y tan solo les llegaba con suerte algún regalo...


No he visto en ningún pueblecito ni nucleo como el nuestro a políticos haciéndose la foto, como suelen hacer en determinadas campañas, ni tampoco saludando a niños y mayores. Cierto es que no nos hacen falta, pero no menos cierto es que el #MedioRural tan solo es un juguete electoral que cada 4 años utilizan en nuestro nombre. 


Con la modestia que caracteriza, los medios humanos y voluntarios que jamás fallan, los Reyes volvieron a llegar a mi pueblo, el pabellón se volvió a llenar y los niños y niñas volvieron sonrientes con su juguete en la mano. Esa  chispa que siempre debemos tener encendida...



Otro año más, los Reyes no faltaron, y mientras haya un solo niño, esta tradición nunca se debe perder. Por la sonrisa de un niño, y ese esbozo de sonrisa de aquellos que hace mucho muchos años esperaban esta noche para recoger su único regalo.


Es obvio, que el pez grande siempre se come al chico, pero la ilusión, la dedicación, el trabajo con medios muy austeros, siempre permitirá que los Reyes nos sigan visitando.


Agradecer a todos los que lo hicieron posible, ya que entre todos, y aunque cada año seamos menos... mantendremos viva la luz de la ilusión.


Y ya por pedir, a esos reyes, que magos son... se podían acordar de nosotros y ponernos un simple Cajero Automático para que nuestros vecinos no tengan que desplazarse a otros municipios... ¿será mucho pedir?


Felices Reyes a todos los pueblos y personas que se sienten identificados.


Alberto Joven